Desde sus primeros pasos, Sakatumba eligió escapar de las etiquetas. En lugar de aferrarse a un género, la banda fue construyendo una identidad atravesada por la búsqueda constante, el trabajo colectivo y una intensidad que encuentra su máxima expresión sobre el escenario. Con dos discos publicados —Puro teatro y Una vez iniciado el fuego— y un puñado de nuevos singles, el grupo atraviesa uno de los momentos de mayor efervescencia de su historia.
El próximo paso de Sakatumba llegará con su primer show en Niceto Club este sábado, una fecha que encuentra a la banda en plena transformación. Después de una serie de lanzamientos que marcaron el inicio de una nueva etapa, el grupo prepara el recital más importante de su carrera hasta el momento, con una puesta renovada, canciones inéditas y un recorrido por toda su discografía.
“Estamos terminando de cerrar todos los detalles y ensayando muchísimo. Hay una especie de aceleración colectiva, pero es lógico porque es nuestro desafío más grande hasta ahora. Vamos a tocar más de una hora y media, presentar varias canciones nuevas y hacer el show más importante de nuestra carrera hasta el momento. Sentimos que la gente llega con mucha expectativa y queremos estar a la altura. Además, estamos preparando una propuesta estética distinta, con una nueva configuración del escenario y un recorrido por toda la discografía de la banda”, cuenta la cantante y guitarrista Renata Bade en conversación con Indie Hoy.
La apuesta no pasa solamente por tocar más canciones. El grupo también busca que el recital tenga una identidad propia, distinta de la de sus presentaciones anteriores, y llevar al escenario una propuesta más ambiciosa, tanto desde lo musical como desde lo visual.
“Es un poco mandarnos con algo más de lo que estamos acostumbrados”, resume el bajista Marcos Medina Bellotti. A la hora de pensar el repertorio, tampoco hubo demasiadas dudas: “Hablábamos justamente de eso y mi postura era aprovechar que este es un show completamente nuestro para tocar todo lo que podamos. Estamos apostando muchísimo a esta fecha, así que había que armar el set más grande posible”.
Los últimos singles, “Ataques en mi ciudad”, “Hermoso desastre” y “Un poco triste”, también funcionan como la carta de presentación de este presente artístico. Más allá de las canciones, la banda incorporó un nuevo equipo de producción y comenzó a trabajar en una búsqueda que intenta trasladar al estudio la intensidad de sus conciertos.
“Son canciones que grabamos el año pasado y representan una nueva etapa porque empezamos a trabajar con un nuevo equipo de producción. Queríamos profesionalizar un poco más lo que ya veníamos haciendo y sumar una mirada distinta sobre la producción musical. Ahí apareció Fernando Matt, que es un productor de nuestra generación y con el que conectamos enseguida”, explica Renata.
Para Marcos, esa afinidad fue determinante durante el proceso. “Conectamos muy bien porque estamos casi en la misma sintonía generacional y él tiene una cabeza muy abierta. Todo el tiempo trae ideas, prueba cosas por su cuenta y después nos las muestra. Con estos tres temas sentimos que el sonido dio un salto importante; hay una producción muy cuidada y eso se nota muchísimo”.
Lejos de quedarse únicamente en una mejora técnica, la banda entiende ese crecimiento como una forma de capturar una energía que hasta ahora parecía pertenecer exclusivamente al vivo. “Fernando también nos exige un mejor rendimiento. Cada toma se piensa mucho más y siempre sentimos que puede salir mejor. La idea es poder transmitir en las grabaciones lo que hacemos sobre el escenario, algo que quizás antes no habíamos logrado del todo. Queremos que esos dos universos convivan y que el sonido del estudio tenga la misma intensidad que nuestros shows”, concluye Renata.
Si las últimas canciones evidencian un cambio en el sonido de Sakatumba, buena parte de esa transformación también responde a una decisión consciente. La banda comenzó a pensar con mayor precisión cada elemento de sus composiciones, desde los arreglos hasta el lugar que ocupa cada instrumento dentro de la mezcla, en busca de una identidad más definida sin perder la intensidad que siempre caracterizó a sus canciones.
“Hay mucho sintetizador, aparecen sonidos nuevos y las guitarras están mucho más distorsionadas, con un audio más noventero”, resume Marcos. Renata completa la idea poniendo el foco en la evolución del grupo: “También hay algo muy importante en el trabajo de las baterías, pero, sobre todo, siento que cambió nuestra exigencia. Después de tantos años, nos tomamos el proyecto desde otro lugar. Hay otra perspectiva y otra manera de pensar las canciones”.

Esa madurez también modificó la forma de componer. Aunque la improvisación sigue siendo una herramienta importante para Sakatumba —algo que marcó sus primeros trabajos—, el proceso actual combina ideas más desarrolladas con un trabajo colectivo que termina de tomar forma en la sala de ensayo y, más adelante, junto con el productor.
“Somos varios los que componemos. Generalmente alguien trae una canción con una letra, una melodía o algunos acordes y después la trabajamos entre todos. Recién más adelante aparece el productor, que muchas veces propone cambios en la estructura o nos hace repensar partes enteras para que la canción funcione mejor”, explica Marcos.
Para Renata, la principal diferencia no pasa por una cuestión técnica, sino por la posibilidad de ordenar una banda en la que conviven muchas ideas al mismo tiempo. “Entendimos que necesitábamos establecer ciertos límites. Que cada instrumento tenga su lugar y que todos trabajemos en función de una búsqueda grupal, no desde la mirada individual de cada uno. Eso hizo que las canciones encontraran un equilibrio que antes quizás no teníamos”.
En ese sentido, Matt terminó ocupando un rol que excede el de productor. Además de aportar una mirada externa, funciona como alguien capaz de ordenar las distintas capas creativas de la banda sin desdibujar su identidad.
“Matt tiene una cabeza muy organizadora. Somos muchos instrumentos, aparecen un montón de ideas y de búsquedas, y él logra sintetizar todo eso. Además, nos entiende muy bien”, señala Marcos. Renata coincide y destaca otro aspecto igual de importante: “También ayuda que las observaciones vengan de alguien de afuera. Cuando una crítica o una sugerencia aparece desde esa mirada externa, se escucha de otra manera y no se toma como algo personal. Después de tantos años tocando juntos, eso también libera tensiones”.
Aunque por ahora prefieren no revelar demasiados detalles, Sakatumba confirma que los próximos meses traerán novedades. Antes de pensar en un nuevo disco, la banda trabaja en un lanzamiento compartido con otro grupo, una colaboración que describen como una propuesta poco habitual dentro de la escena.
La construcción de esta nueva etapa no se limita únicamente al sonido. Los tres sencillos también comparten una identidad visual muy marcada, en la que la ciudad aparece como un elemento recurrente y las imágenes acompañan el crecimiento artístico de la banda.
“Con [el diseñador] Andry Bett empezamos a construir un universo conceptual y una línea estética que pudieran sostener todos los lanzamientos. Creo que eso se nota no solo en las portadas, sino también en los flyers y en toda la comunicación”, explica Renata. Marcos agrega: “La ciudad está muy presente en esta etapa. Hay texturas nuevas que él fue proponiendo y que terminaron definiendo buena parte de la identidad visual de estos temas”.
Para la cantante, esa búsqueda también responde a un objetivo concreto: ampliar el alcance del proyecto sin perder su esencia. “Venimos de un circuito muy de nicho y sentimos que llegó el momento de abrir un poco más la propuesta. Para eso también hay que trabajar el sonido y la estética. No significa dejar de ser quienes somos, sino salir un poco de esa lógica exclusivamente under“.
Los tres simples que inauguraron esta nueva etapa también funcionan como una síntesis de distintas facetas de Sakatumba. Aunque comparten una misma búsqueda, la banda entiende que cada canción ocupa un lugar diferente dentro de ese recorrido y responde a influencias, climas y formas de escribir particulares.
“‘Ataques en mi ciudad’ es la canción más sakatumbera de las tres”, asegura Renata. “Tiene el saxo, pero también cierta elegancia. Es un rock bailable, sofisticado. Nunca fuimos una banda de pura suciedad o de puro punk; siempre hubo algo medio glam dando vueltas”. Marcos coincide y suma otra mirada: “Es muy cancionera. El canto a dos voces y que sea coreable tienen algo muy de rock nacional. Las otras dos canciones ya se acercan más a una estética noventera”.
Si “Ataques en mi ciudad” reafirma la identidad del grupo, “Hermoso desastre” representa una conversación mucho más directa con la escena que lo rodea. La banda reconoce que el tema nació de años compartiendo recitales, amistades e influencias con otros proyectos de Buenos Aires, dejando que ese intercambio se filtrara de manera natural en su propia música.
“Quería ver si podíamos sintetizar todas esas influencias que fuimos acumulando durante años de ir a ver tocar a nuestros amigos, entender qué cosas hacían que una banda llamara la atención. Para mí, esa canción resume todo ese crecimiento junto a otras bandas. Por momentos hasta la siento un poco ajena a nuestro universo, pero, al mismo tiempo, completamente parte de Sakatumba”, explica Renata.
A la hora de mencionar referencias aparecen nombres como Mujer Cebra, Sunlid, Barbi Recanati o Santiago Motorizado. Sin embargo, Marcos aclara que la intención nunca fue parecerse a nadie. “Tiene esa cuota dramática y post-punk que es nuestra. Es una búsqueda más pop, más suave, pero nunca deja de ser Sakatumba”. Renata completa la idea: “No se trata de copiar a otras bandas, sino de dejarse atravesar por el sonido que habitás todos los fines de semana. Es asimilar ese mundo y llevarlo a nuestro propio lenguaje”.
El armado del repertorio para Niceto también obligó al grupo a reencontrarse con discos que hoy ya forman parte de su historia. Revisitar esas canciones les permitió comprobar cómo fueron cambiando con el paso del tiempo y cómo algunas terminaron convirtiéndose en piezas fundamentales de su propio universo.
“A mí me encanta volver a las canciones de Puro teatro y ver que envejecieron bien. Eso me hace sentir que valieron la pena. ‘Ropa equivocada’, ‘Me estoy olvidando de vos’, ‘¡Basta ya!’ y ‘Corazón’… Para mí, todas son clásicos”, dice Renata entre risas. Marcos no duda en acompañarla: “Son nuestros clásicos”.
Con Una vez iniciado el fuego, en cambio, la lectura es diferente. Más que una continuidad, la banda lo entiende como un disco de transición que abrió nuevas preguntas sobre su sonido: “El primer disco era como un vómito de todo lo que veníamos haciendo. Esas canciones ya estaban probadas en vivo desde hacía años. En cambio, el segundo nació completamente de cero y fue una búsqueda mucho más pensada, con una intención más pop”, explica Marcos. Para Renata, el paso del tiempo también modifica la percepción sobre ese material: “Creo que ahora esas canciones recién empiezan a convertirse en clásicos. Necesitan un par de años para madurar de otra manera”.

Más allá de las influencias musicales, la banda encuentra inspiración en aquello que atraviesa su vida cotidiana. La ciudad, la incertidumbre y el contexto social aparecen como disparadores permanentes, pero también funcionan como una forma de mantener los pies sobre la tierra mientras construyen su propio camino.
“La vida misma nos influye. La crisis social, la crisis personal, todo eso está muy presente para nosotros. Estamos en una edad en la que hay que empezar a definir muchas cosas y el contexto tampoco ayuda. Vivimos todo eso muy de cerca y es imposible que no aparezca en las canciones”, reflexiona Renata.
Para Marcos, esa relación con la ciudad también se traduce en una necesidad constante de recuperar experiencias concretas frente a una cotidianeidad cada vez más virtual. “Hablamos mucho del celular, de cómo nos afecta. Siempre terminamos volviendo a lo analógico. La música que hacemos es analógica, nos gusta hacer cosas físicas, como discos, remeras o tocar en una sala sin computadoras. Incluso en los ensayos apagamos las luces para sentir más lo que está pasando. Hoy todo parece ir hacia lo virtual y nosotros encontramos inspiración, justamente, en lo contrario: viajar, tocar, estar presentes, que las cosas puedan verse y tocarse”.
Sakatumba se presentará el sábado 4 de julio a las 20 h en Niceto Club (Cnel. Niceto Vega 5510, CABA). Entradas disponibles a través de Venti, 20% de descuento con Comunidad Indie Hoy.
Fuente> indiehoy

