Pocas amistades en la historia de la música cambiaron el rumbo del rock como la de Mick Jagger y Keith Richards. Ambos habían nacido el mismo año en el mismo hospital de Dartford, Kent, y habían compartido la primaria, pero sus caminos se separaron cuando la familia de Richards se mudó de barrio. Durante años apenas se vieron, pero un casual episodio en una estación de trenes lo cambió todo.
La fecha exacta del reencuentro fue el 17 de octubre de 1961, en la plataforma dos de la estación de Dartford. Richards, que estudiaba en la escuela de arte de Sidcup, y Jagger, que iba camino a la London School of Economics and Political Science, se reconocieron de inmediato.
Richards llevaba bajo el brazo dos discos importados directamente de Chess Records, en Chicago: Rockin’ at the Hops, de Chuck Berry, y The Best of Muddy Waters. Y Jagger se le acercó para hablar.

El encuentro registrado en una carta
El propio Richards relató ese encuentro con detalle en una carta a su tía Patty, reproducida en su autobiografía Life: “Sabes que yo era fanático de Chuck Berry y pensaba que era el único fan en kilómetros, pero una mañana en la estación de Dartford estaba sosteniendo uno de los discos de Chuck cuando un tipo que conocía de la primaria se acercó a mí“.
“Tiene todos los discos que grabó Chuck Berry y todos sus amigos también“, siguió la leyenda de las seis cuerdas. “Son fans del rhythm and blues, R&B de verdad. Jimmy Reed, Muddy Waters, Chuck, Howlin’ Wolf, John Lee Hooker, todos los bluesmen de Chicago, la verdadera materia prima, maravilloso. Bo Diddley es otro grande. El tipo de la estación se llama Mick Jagger“.
Richards invitó a Jagger a su casa esa misma tarde para escuchar los discos juntos. Poco después, Mick le propuso unirse a su banda, Little Boy Blue and the Blue Boys. Tan solo un año más tarde, junto a Brian Jones, ambos formarían un nuevo grupo: tomaron el nombre de una de las canciones de Muddy Waters que Jagger llevaba esa mañana en la estación, “Rollin’ Stone”. El resto es historia.
Fuente> indiehoy

